
Lo más importante de todo el curso es saber dónde termina tu labor y dónde empieza la de los profesionales.
Contacta con el veterinario o el herrador en caso de:
- Heridas abiertas o grietas en la piel
- Cojera, aunque sea leve, si persiste
- Hinchazón o calor en la pata
- Empeoramiento rápido a pesar de una buena rutina
- Costras que se extienden o exudan
Y la promesa que le haces a tu caballo: nunca arranques las costras. La costra es el propio vendaje del cuerpo. Debajo de ella se está produciendo la cicatrización: si la arrancas, vuelves a abrir la herida, alargas la curación e invitas a entrar justo a lo que intentas eliminar. Las costras deben desprenderse solas cuando la piel de debajo esté lista.
Con la rutina diaria, el ojo para las señales tempranas, las medidas en el entorno y un límite claro para llamar al veterinario, ya tienes toda la caja de herramientas para el invierno. ¡Es hora del examen final!



